Molinos, anguilas y otras movidas

Puerto pesquero mediterráneo. Año 2025.

Hace un rato he leído el genial, por sintético y certero (algo que pocas veces conseguimos algunos pero él siempre lo hacese consigue), hilo de Pablo Batalla acerca de la izquierda republicana y la izquierda obrera.

No he podido evitar pensar en el paralelismo que se da entre estas dos ¿maneras de afrontar los mismos problemas? en el mundo del ecologismo.

Actualmente, las personas ecologistas (ya sea por militancia, por trabajar profesionalmente en alguna organización y/o, simplemente, por afinidad y simpatía) presenta una serie de conflictos que se explican bastante bien estableciendo, como decía, un paralelismo con el escrito de Batalla.

Tal vez el caso más paradigmático de este conflicto entre "ecologistas urbanos" y "conservacionistas tradicionales" (perdonadme el establecimiento de estas categorías binarias, sin grises, en este texto) lo encontramos en la cuestión archidebatida de las energías renovables. Mientras que unos lo ven cómo una medida de impactos positivos globales, es decir, que "se piensa" en términos de humanidad, otros la perciben como un daño irreversible sobre determinadas personas, paisajes o sectores. Motherfucking windfarms! No pretendo establecer una equiditancia entre ambas posturas, pues se ha escrito -y no poco- sobre este tema -y no tengo ganas-, sino comparar ambos modos de pensar (que devienen en maneras divergentes de actuar).

He usado primero este ejemplo porque es el que todos conocemos. Sin embargo, también nos lo encontramos en otras cuestiones relacionadas con el medio marino. Así, existe un ecologismo tradicional que cuestiona intensamente compromisos internacionales que persiguen los mismos objetivos que ellos, por ejemplo, el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. A veces, un exceso de escepticismo o reticencia acaba frenando compromisos, sean más o menos ambiciosos porque afectan -supuestamente- a determinadas personas o sectores, aunque la evidencia científica disponible demuestre que, por ejemplo, la creación de espacios marinos protegidos es la garantía de pervivencia de sectores como la pesca artesanal de bajo impacto. En paralelo, existe otro ecologismo con una vocación más global que intenta acelerar la implementación de estos objetivos, pues son propuestos por la comunidad científica y la mejor evidencia científica disponible. Y muchas veces, cierto es, olvidando a las comunidades locales en pos del bien común y la posesión de "la razón" (que no vale para convencer).

Y también lo hemos visto estos días con el triste ejemplo de la anguila europea. Una especie se nos va. Desaparecerá si no hacemos nada. Y no es nuevo, la comunidad científica lleva décadas alertando de ello. Al aspecto "poco favorecido" de las anguilas se le ha sumado una serie de falacias lanzadas por sectores interesados en que no se tomen medidas que (al igual que en otros debates ambientales) también han permeado en la sociedad, incluso en durante demasiado tiempo en algunas organizaciones ambientales. Así, se ha instaurado en el escaso e insuficiente debate público acerca de esta cuestión una serie de mentiras que han impedido no ya un debate serio, sino también posicionamientos conjuntos efectivos entre sector científico y sociedad civil (al menos). Seguramente, el mejor ejemplo ha sido la falsa dicotomía establecida entre "recuperar el hábitat" y "dejar de pescarlas". La realidad es que, si le consultas a cualquier persona experta en la cuestión, te dirá que el cese de la actividad comercial es imprescindible para que la especie no se extinga, mientras que la recuperación de su hábitat es indispensable para que sus poblaciones se recuperen. Es decir, hay que hacer ambas cosas, más que nada porque no se puede recuperar aquello que ya no existe. Mientras, en el Mediterráneo (y otros lares) seguimos viendo estás imágenes, quién sabe si las últimas de unos organismos fascinantes.

Anguilas pescados en el Mediterráneo. Año 2025.

Os dejo aquí parte de un capítulo de «El mar que muere» (2023) acerca de esta especie:

Estos organismos son fascinantes, llegan a medir más de un metro y realizan una de las migraciones más alucinantes del planeta recorriendo miles y miles de kilómetros para completar su ciclo vital. De hecho, se conoce que las anguilas que se encuentran en el Mar Menor migran hasta el Mar de los Sargazos, en el Océano Atlántico, para reproducirse y luego morir. Unos 7.000 km de viaje, que se dice pronto. Unos meses después, sus descendientes, llegan de vuelta a las costas europeas en forma de larvas leptocéfalas de unos 10 meses de edad. Allí empiezan a remontar los ríos en su forma de alevín, las famosas angulas, aún pescadas y consumidas, entre otros sitios, en el País Vasco. Las que sobreviven crecen y adquieren un color amarillo para, tiempo después, alcanzar su forma definitiva: grande, gris y con tonalidades doradas al brillo del sol.

Estos fascinantes organismos aún hoy en día entrañan numerosos misterios, por ejemplo cómo mueren y exactamente dónde, tras reproducirse en el Mar de los Sargazos. Aparte, han protagonizado eventos de lo más curiosos a lo largo de la historia. Tal y como se cuenta en "El evangelio de las anguilas", de Patrik Svensson, Aristóteles fue el primer "científico" en interesarse por este organismo, Sigmund Freud empezó a traArtes de pesca en Túnez. Año 2025.Artes de pesca en Túnez. Año 2025.bajar en un laboratorio buscando los órganos sexuales de este organismo (para lo que diseccionó, infructuosamente, cientos de ellas, lo que seguramente explica parte de la obra posterior de Freud) y fueron el alimento que salvó la vida de los primeros ingleses que desembarcaron en América a bordo del Mayflower, gracias a un nativo americano que les enseñó cómo y dónde pescarlas, según cuenta el relato fundacional de los Estados Unidos de América.

Odón de Buen, el aragonés fundador del Instituto Español de Oceanografía y, por consiguiente, padre de la oceanografía en España, dedica una sección específica a la anguila en su Historia Natural, publicado en 1898, mientras Cuba conseguía su independencia (de España, pero pasaría a quedar tutelada por los Estados Unidos de América), evento que en España fue bautizado como el "Desastre del 98". Era tan escaso el conocimiento de la especie por entonces que enumera una serie de especies de anguila que, en realidad, todas son la anguila europea pero en diferentes estadios de desarrollo o en base a coloraciones particulares. Y es que, como decíamos, la ciencia y la historia natural de la anguila ha sido hasta día de hoy una auténtica amalgama de argumentos contradictorios entre naturalistas, rectificaciones, etcétera, también en España.

Tal y como explicó Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, en su Historia Natural (escrita entre 1749 y 1788), tanto Carl Nilsson Linnæus (1707 - 1778), Linneo, como Guillaume Rondele (1507 - 1566), Rondelecio, no creían que la anguila conocida en Galicia como eiroa fuera una especie distinta a las anguilas que también se encontraban en otras zonas del norte de la península Ibérica. Pese a que acertaron en eso, Rondele aseguraba que todas las anguilas nacen en agua dulce y con el tiempo bajan al mar, cuando hoy en día conocemos que sí, viajan al mar abierto de adultas pero para reproducirse y nacer también en el océano.

El zoólogo catalán Rafael Cisternas Fontseré en su libro Ensayo descriptivo de los peces de agua dulce que habitan en la provincia de Valencia (1877) indica que los pescadores del lugar, particularmente los de la albufera de Valencia, le dan (o daban) el nombre de Anguila fartona, de la palabra valenciana fartó que hace referencia al famoso dulce de forma alargada consumido desde hace cientos de años y que acompaña a la icónica horchata. No obstante, fartó también se usa para describir algo o alguien que come mucho. Creo que ambas acepciones encajan a la perfección con la anguila, por lo que considero que los zoólogos deberían valorar si darle el nombre de Anguila fartona a la Anguila europea. Y una de estas anguilas adultas, zamponas y alargadas, está aquí, delante de mí, aparentemente sola en un mar turbio de fondo verde intenso. Supongo que, al menos de momento, no ha llegado la hora de migrar al Atlántico y aún son óptimas las condiciones del Mar Menor para este organismo.

La anguila se sigue pescando hoy en día. Concretamente, el 32,8% de todas las capturas de España en el periodo 2006 a 2020 se realizó en el Mar Menor. Como consecuencia, es una especie vulnerable a nivel nacional y amenazada en el Mar Menor. Entre el 10 de diciembre de 2019 y el 25 de enero de 2020 se pescaron alrededor de 40.000 kg de anguilas en el Mar Menor, mientras que las temporadas anteriores las capturas rondaban entre 16.000 y 26.000 kg. Este incremento en las capturas es especialmente curioso, pues según la Comisión Europea, que ostenta las competencias de pesca, en el continente europeo cada vez hay menos de estos organismos. Según el pescador del Mar Menor Jesús Antonio Gómez Escudero, de quien hablaremos más adelante en este libro, esto tiene una explicación bastante clara. Y es que no podemos olvidar que dicho récord de capturas se produjo justo tras la DANA de 2019. Jesús indica que debido a la materia orgánica y sedimentos que llegaron al Mar Menor, el comportamiento de los peces en dicho mar se volvió aleatorio, debido en gran parte a la consecuente disminución de oxígeno en la laguna, sobre todo en zonas profundas. Como consecuencia, las especies que no murieron en aquel trágico evento se desplazaron a la zona más cercana a las costas, ya que los niveles de oxígeno allí eran superiores. Y es justamente allí donde se depositan los artes de paranza para capturar anguilas. Un arte que requiere mención especial. Según el trabajo "Artes y sistemas de pesca del Mar Menor" podría describirse de la siguiente manera:

«Con este nombre se conoce en el Mar Menor un arte de fondo y también uno de los armadijos de las encañizadas. El arte de fondo denominado paranza es un rectángulo de red que forma una especie de caja con fondo y techo, con varios corchos y plomos y dos aberturas para la entrada de los peces. Para que se mantenga estirada, lleva en los extremos de afuera de la relinga superior un pie de gallo que termina en un pedral y desde éste parte un cabo delgado que cuelga de una boya para tener estiradas cada una de las bandas. Se cala siempre, acompañada de una moruna y una travesía. La paranza es un invento de los pescadores del Mar Menor que ha desplazado la pesca con trasmallo, pues tiene sobre este último la gran ventaja de mantenerse vivos los peces que en ella han entrado, durante el tiempo que se desee. Este arte se emplea preferentemente para capturar doradas y magres, aunque puede utilizarse para casi toda clase de peces. La paranza es el arte más moderno de los utilizados en la laguna, pues tan sólo viene pescándose con él desde hace unos veinte años».

La situación de la anguila europea es dramática. Si uno compara la distribución y abundancia actual de la anguila con ambos datos hace décadas o siglos podrá observar fácilmente la gravedad de la situación. En enero de 2023, un artículo científico reconstruyó las localizaciones geográficas en las que hay registros de anguila europea en España en el siglo XIX. Así, puede observarse cómo la anguila poblaba localizaciones en todas las cuencas hidrográficas de la Península Ibérica, aunque siendo más frecuente en la sección septentrional que en la meridional. Además, había registros de anguila en lugares como Madrid, Mallorca o Menorca pero también en Gran Canaria, lo que constituye el registro más al sur de esta especie registrado. Actualmente, las poblaciones de anguila han sufrido un colapso generalizado en todo el continente europeo. Como consecuencia, a nivel internacional, el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) ha emitido recientemente un informe para la conservación de la anguila, en el que recomienda una reducción del 50% en la captura de esta especie en el Mar Báltico y el Norte del Océano Atlántico en 2023, ya que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), entre otras entidades, alertó de que en los últimos 60 años la población puede haberse reducido hasta en un 80%. También se recomienda una reducción del 30% en el Mediterráneo y el Mar Negro. Destacan que la anguila es una especie vulnerable debido a su ciclo de vida único, que incluye una fase de migración a través del océano y una fase de desove en el río. Además, alertan de que ha habido una disminución en la producción de huevos y juveniles en las últimas décadas. El Consejo propone también una serie medidas para mejorar la gestión de la pesca de anguila, como la implementación de tamaños mínimos de captura y áreas de pesca cerradas para proteger a los juveniles. Además, se recomienda una mejor investigación y seguimiento de la población de anguila.Estos organismos son fascinantes, llegan a medir más de un metro y realizan una de las migraciones más alucinantes del planeta recorriendo miles y miles de kilómetros para completar su ciclo vital. De hecho, se conoce que las anguilas que se encuentran en el Mar Menor migran hasta el Mar de los Sargazos, en el Océano Atlántico, para reproducirse y luego morir. Unos 7.000 km de viaje, que se dice pronto. Unos meses después, sus descendientes, llegan de vuelta a las costas europeas en forma de larvas leptocéfalas de unos 10 meses de edad. Allí empiezan a remontar los ríos en su forma de alevín, las famosas angulas, aún pescadas y consumidas, entre otros sitios, en el País Vasco. Las que sobreviven crecen y adquieren un color amarillo para, tiempo después, alcanzar su forma definitiva: grande, gris y con tonalidades doradas al brillo del sol.

Estos fascinantes organismos aún hoy en día entrañan numerosos misterios, por ejemplo cómo mueren y exactamente dónde, tras reproducirse en el Mar de los Sargazos. Aparte, han protagonizado eventos de lo más curiosos a lo largo de la historia. Tal y como se cuenta en "El evangelio de las anguilas", de Patrik Svensson, Aristóteles fue el primer "científico" en interesarse por este organismo, Sigmund Freud empezó a trabajar en un laboratorio buscando los órganos sexuales de este organismo (para lo que diseccionó, infructuosamente, cientos de ellas, lo que seguramente explica parte de la obra posterior de Freud) y fueron el alimento que salvó la vida de los primeros ingleses que desembarcaron en América a bordo del Mayflower, gracias a un nativo americano que les enseñó cómo y dónde pescarlas, según cuenta el relato fundacional de los Estados Unidos de América.

Odón de Buen, el aragonés fundador del Instituto Español de Oceanografía y, por consiguiente, padre de la oceanografía en España, dedica una sección específica a la anguila en su Historia Natural, publicado en 1898, mientras Cuba conseguía su independencia (de España, pero pasaría a quedar tutelada por los Estados Unidos de América), evento que en España fue bautizado como el "Desastre del 98". Era tan escaso el conocimiento de la especie por entonces que enumera una serie de especies de anguila que, en realidad, todas son la anguila europea pero en diferentes estadios de desarrollo o en base a coloraciones particulares. Y es que, como decíamos, la ciencia y la historia natural de la anguila ha sido hasta día de hoy una auténtica amalgama de argumentos contradictorios entre naturalistas, rectificaciones, etcétera, también en España.

Tal y como explicó Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, en su Historia Natural (escrita entre 1749 y 1788), tanto Carl Nilsson Linnæus (1707 - 1778), Linneo, como Guillaume Rondele (1507 - 1566), Rondelecio, no creían que la anguila conocida en Galicia como eiroa fuera una especie distinta a las anguilas que también se encontraban en otras zonas del norte de la península Ibérica. Pese a que acertaron en eso, Rondele aseguraba que todas las anguilas nacen en agua dulce y con el tiempo bajan al mar, cuando hoy en día conocemos que sí, viajan al mar abierto de adultas pero para reproducirse y nacer también en el océano.

El zoólogo catalán Rafael Cisternas Fontseré en su libro Ensayo descriptivo de los peces de agua dulce que habitan en la provincia de Valencia (1877) indica que los pescadores del lugar, particularmente los de la albufera de Valencia, le dan (o daban) el nombre de Anguila fartona, de la palabra valenciana fartó que hace referencia al famoso dulce de forma alargada consumido desde hace cientos de años y que acompaña a la icónica horchata. No obstante, fartó también se usa para describir algo o alguien que come mucho. Creo que ambas acepciones encajan a la perfección con la anguila, por lo que considero que los zoólogos deberían valorar si darle el nombre de Anguila fartona a la Anguila europea. Y una de estas anguilas adultas, zamponas y alargadas, está aquí, delante de mí, aparentemente sola en un mar turbio de fondo verde intenso. Supongo que, al menos de momento, no ha llegado la hora de migrar al Atlántico y aún son óptimas las condiciones del Mar Menor para este organismo.

La anguila se sigue pescando hoy en día. Concretamente, el 32,8% de todas las capturas de España en el periodo 2006 a 2020 se realizó en el Mar Menor. Como consecuencia, es una especie vulnerable a nivel nacional y amenazada en el Mar Menor. Entre el 10 de diciembre de 2019 y el 25 de enero de 2020 se pescaron alrededor de 40.000 kg de anguilas en el Mar Menor, mientras que las temporadas anteriores las capturas rondaban entre 16.000 y 26.000 kg. Este incremento en las capturas es especialmente curioso, pues según la Comisión Europea, que ostenta las competencias de pesca, en el continente europeo cada vez hay menos de estos organismos. Según el pescador del Mar Menor Jesús Antonio Gómez Escudero, de quien hablaremos más adelante en este libro, esto tiene una explicación bastante clara. Y es que no podemos olvidar que dicho récord de capturas se produjo justo tras la DANA de 2019. Jesús indica que debido a la materia orgánica y sedimentos que llegaron al Mar Menor, el comportamiento de los peces en dicho mar se volvió aleatorio, debido en gran parte a la consecuente disminución de oxígeno en la laguna, sobre todo en zonas profundas. Como consecuencia, las especies que no murieron en aquel trágico evento se desplazaron a la zona más cercana a las costas, ya que los niveles de oxígeno allí eran superiores. Y es justamente allí donde se depositan los artes de paranza para capturar anguilas. Un arte que requiere mención especial. Según el trabajo "Artes y sistemas de pesca del Mar Menor" podría describirse de la siguiente manera:

«Con este nombre se conoce en el Mar Menor un arte de fondo y también uno de los armadijos de las encañizadas. El arte de fondo denominado paranza es un rectángulo de red que forma una especie de caja con fondo y techo, con varios corchos y plomos y dos aberturas para la entrada de los peces. Para que se mantenga estirada, lleva en los extremos de afuera de la relinga superior un pie de gallo que termina en un pedral y desde éste parte un cabo delgado que cuelga de una boya para tener estiradas cada una de las bandas. Se cala siempre, acompañada de una moruna y una travesía. La paranza es un invento de los pescadores del Mar Menor que ha desplazado la pesca con trasmallo, pues tiene sobre este último la gran ventaja de mantenerse vivos los peces que en ella han entrado, durante el tiempo que se desee. Este arte se emplea preferentemente para capturar doradas y magres, aunque puede utilizarse para casi toda clase de peces. La paranza es el arte más moderno de los utilizados en la laguna, pues tan sólo viene pescándose con él desde hace unos veinte años».

La situación de la anguila europea es dramática. Si uno compara la distribución y abundancia actual de la anguila con ambos datos hace décadas o siglos podrá observar fácilmente la gravedad de la situación. En enero de 2023, un artículo científico reconstruyó las localizaciones geográficas en las que hay registros de anguila europea en España en el siglo XIX. Así, puede observarse cómo la anguila poblaba localizaciones en todas las cuencas hidrográficas de la Península Ibérica, aunque siendo más frecuente en la sección septentrional que en la meridional. Además, había registros de anguila en lugares como Madrid, Mallorca o Menorca pero también en Gran Canaria, lo que constituye el registro más al sur de esta especie registrado. Actualmente, las poblaciones de anguila han sufrido un colapso generalizado en todo el continente europeo. Como consecuencia, a nivel internacional, el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) ha emitido recientemente un informe para la conservación de la anguila, en el que recomienda una reducción del 50% en la captura de esta especie en el Mar Báltico y el Norte del Océano Atlántico en 2023, ya que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), entre otras entidades, alertó de que en los últimos 60 años la población puede haberse reducido hasta en un 80%. También se recomienda una reducción del 30% en el Mediterráneo y el Mar Negro. Destacan que la anguila es una especie vulnerable debido a su ciclo de vida único, que incluye una fase de migración a través del océano y una fase de desove en el río. Además, alertan de que ha habido una disminución en la producción de huevos y juveniles en las últimas décadas. El Consejo propone también una serie medidas para mejorar la gestión de la pesca de anguila, como la implementación de tamaños mínimos de captura y áreas de pesca cerradas para proteger a los juveniles. Además, se recomienda una mejor investigación y seguimiento de la población de anguila.Estos organismos son fascinantes, llegan a medir más de un metro y realizan una de las migraciones más alucinantes del planeta recorriendo miles y miles de kilómetros para completar su ciclo vital. De hecho, se conoce que las anguilas que se encuentran en el Mar Menor migran hasta el Mar de los Sargazos, en el Océano Atlántico, para reproducirse y luego morir. Unos 7.000 km de viaje, que se dice pronto. Unos meses después, sus descendientes, llegan de vuelta a las costas europeas en forma de larvas leptocéfalas de unos 10 meses de edad. Allí empiezan a remontar los ríos en su forma de alevín, las famosas angulas, aún pescadas y consumidas, entre otros sitios, en el País Vasco. Las que sobreviven crecen y adquieren un color amarillo para, tiempo después, alcanzar su forma definitiva: grande, gris y con tonalidades doradas al brillo del sol.

Estos fascinantes organismos aún hoy en día entrañan numerosos misterios, por ejemplo cómo mueren y exactamente dónde, tras reproducirse en el Mar de los Sargazos. Aparte, han protagonizado eventos de lo más curiosos a lo largo de la historia. Tal y como se cuenta en "El evangelio de las anguilas", de Patrik Svensson, Aristóteles fue el primer "científico" en interesarse por este organismo, Sigmund Freud empezó a trabajar en un laboratorio buscando los órganos sexuales de este organismo (para lo que diseccionó, infructuosamente, cientos de ellas, lo que seguramente explica parte de la obra posterior de Freud) y fueron el alimento que salvó la vida de los primeros ingleses que desembarcaron en América a bordo del Mayflower, gracias a un nativo americano que les enseñó cómo y dónde pescarlas, según cuenta el relato fundacional de los Estados Unidos de América.

Odón de Buen, el aragonés fundador del Instituto Español de Oceanografía y, por consiguiente, padre de la oceanografía en España, dedica una sección específica a la anguila en su Historia Natural, publicado en 1898, mientras Cuba conseguía su independencia (de España, pero pasaría a quedar tutelada por los Estados Unidos de América), evento que en España fue bautizado como el "Desastre del 98". Era tan escaso el conocimiento de la especie por entonces que enumera una serie de especies de anguila que, en realidad, todas son la anguila europea pero en diferentes estadios de desarrollo o en base a coloraciones particulares. Y es que, como decíamos, la ciencia y la historia natural de la anguila ha sido hasta día de hoy una auténtica amalgama de argumentos contradictorios entre naturalistas, rectificaciones, etcétera, también en España.

Tal y como explicó Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, en su Historia Natural (escrita entre 1749 y 1788), tanto Carl Nilsson Linnæus (1707 - 1778), Linneo, como Guillaume Rondele (1507 - 1566), Rondelecio, no creían que la anguila conocida en Galicia como eiroa fuera una especie distinta a las anguilas que también se encontraban en otras zonas del norte de la península Ibérica. Pese a que acertaron en eso, Rondele aseguraba que todas las anguilas nacen en agua dulce y con el tiempo bajan al mar, cuando hoy en día conocemos que sí, viajan al mar abierto de adultas pero para reproducirse y nacer también en el océano.

El zoólogo catalán Rafael Cisternas Fontseré en su libro Ensayo descriptivo de los peces de agua dulce que habitan en la provincia de Valencia (1877) indica que los pescadores del lugar, particularmente los de la albufera de Valencia, le dan (o daban) el nombre de Anguila fartona, de la palabra valenciana fartó que hace referencia al famoso dulce de forma alargada consumido desde hace cientos de años y que acompaña a la icónica horchata. No obstante, fartó también se usa para describir algo o alguien que come mucho. Creo que ambas acepciones encajan a la perfección con la anguila, por lo que considero que los zoólogos deberían valorar si darle el nombre de Anguila fartona a la Anguila europea. Y una de estas anguilas adultas, zamponas y alargadas, está aquí, delante de mí, aparentemente sola en un mar turbio de fondo verde intenso. Supongo que, al menos de momento, no ha llegado la hora de migrar al Atlántico y aún son óptimas las condiciones del Mar Menor para este organismo.

La anguila se sigue pescando hoy en día. Concretamente, el 32,8% de todas las capturas de España en el periodo 2006 a 2020 se realizó en el Mar Menor. Como consecuencia, es una especie vulnerable a nivel nacional y amenazada en el Mar Menor. Entre el 10 de diciembre de 2019 y el 25 de enero de 2020 se pescaron alrededor de 40.000 kg de anguilas en el Mar Menor, mientras que las temporadas anteriores las capturas rondaban entre 16.000 y 26.000 kg. Este incremento en las capturas es especialmente curioso, pues según la Comisión Europea, que ostenta las competencias de pesca, en el continente europeo cada vez hay menos de estos organismos. Según el pescador del Mar Menor Jesús Antonio Gómez Escudero, de quien hablaremos más adelante en este libro, esto tiene una explicación bastante clara. Y es que no podemos olvidar que dicho récord de capturas se produjo justo tras la DANA de 2019. Jesús indica que debido a la materia orgánica y sedimentos que llegaron al Mar Menor, el comportamiento de los peces en dicho mar se volvió aleatorio, debido en gran parte a la consecuente disminución de oxígeno en la laguna, sobre todo en zonas profundas. Como consecuencia, las especies que no murieron en aquel trágico evento se desplazaron a la zona más cercana a las costas, ya que los niveles de oxígeno allí eran superiores. Y es justamente allí donde se depositan los artes de paranza para capturar anguilas. Un arte que requiere mención especial. Según el trabajo "Artes y sistemas de pesca del Mar Menor" podría describirse de la siguiente manera:

«Con este nombre se conoce en el Mar Menor un arte de fondo y también uno de los armadijos de las encañizadas. El arte de fondo denominado paranza es un rectángulo de red que forma una especie de caja con fondo y techo, con varios corchos y plomos y dos aberturas para la entrada de los peces. Para que se mantenga estirada, lleva en los extremos de afuera de la relinga superior un pie de gallo que termina en un pedral y desde éste parte un cabo delgado que cuelga de una boya para tener estiradas cada una de las bandas. Se cala siempre, acompañada de una moruna y una travesía. La paranza es un invento de los pescadores del Mar Menor que ha desplazado la pesca con trasmallo, pues tiene sobre este último la gran ventaja de mantenerse vivos los peces que en ella han entrado, durante el tiempo que se desee. Este arte se emplea preferentemente para capturar doradas y magres, aunque puede utilizarse para casi toda clase de peces. La paranza es el arte más moderno de los utilizados en la laguna, pues tan sólo viene pescándose con él desde hace unos veinte años».